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P. Egidio Driedonkx SCJ

 

EL PADRE DEHON

Y LAS MISIONES

Commissione Generale pro Beatificazione di p. Dehon

Curia Generale SCJ

Roma - 2004

  

EL PADRE DEHON Y LAS MISIONES

Cuando el P. Dehon fundó su Congregación en 1878, quiso fundar un Instituto de amor y reparación al Corazón de Jesús en el espíritu de oblación y sacrificio. No tenía muy claro todavía el aspecto apostólico. Se entiende esto, pues por un lado había vivido los últimos años sobrecargado de trabajos sociales que le impedían dedicarse más a la vida interior como quería, y por otro lado estaba muy influenciado por la Madre María del Corazón de Jesús Ulrich, fundadora de las religiosas Siervas del Corazón de Jesús, una Congregación más bien de índole contemplativa.

De todas maneras quiso fundar una Congregación mixta, de vida contemplativa y de vida apostólica, pues como decía a sus novicios, el 21 de abril de 1881: Es estupendo que en la vida contemplativa se pueda reparar mediante la contemplación de los sufrimientos de Jesús; pero también hay que reparar en la vida activa y es una razón más para juntar ambas.

En cuanto a las misiones, sus proyectos son al principio poco claros y hasta contradictorios.

Así, el uno de abril de 1881, hablando en la fiesta de la Preciosísima Sangre de Jesús a sus novicios sobre los mártires, añade: Pero no existe solamente el martirio con derramamiento de sangre: todo lo que desgasta la vida es en cierto modo una efusión de sangre. Y hay dos cosas que la desgastan más que nada : el amor y el sufrimiento. Algunos quizás tengan la gracia de derramarla de una manera esplendorosa por el martirio, pues tendremos misiones.

Pero tres semanas más tarde, el 21 de abril de 1881, explicando a sus novicios la palabras de las Constituciones: Se dedicarán (sus seguidores) a la santificación del prójimo por medio de obras que más concuerden con la vida espiritual. Les dijo que las misiones aisladas en países lejanos siempre estarán fuera de nuestras costumbres y que prefiere las obras que son conciliables con la vida comunitaria.

Sin embargo, luego cambiará de opinión.

En 1882 el P. Dehon piensa conseguir paulatinamente la aprobación de su Congregación de Roma. Por eso entrega a Mons. Thibaudier, Obispo de Soissons, un documento dirigido a la Santa Sede en el que informa sobre su Instituto. Esta carta fue entregada por su Obispo el 10 de marzo de 1882. Escribe textualmente: Tomando del Corazón de Jesús el espíritu de sacrificio, seríamos felices si luego estuviéramos presentes en las misiones, pero especialmente en los países donde la fe desde hace tiempo se encuentra obscurecida por el cisma y donde la reparación sacerdotal nos parece como uno de los primeros medios para una renovación.

La motivación para ir a las misiones es la necesidad de la reparación sacerdotal que pueden dar sus seguidores y que puede aportar un nuevo comienzo de la verdadera fe.

Parece que en este momento está pensando en los países protestantes u ortodoxos separados de Roma.

En 1883 el P. Dehon se puso en contacto con el Abate Grison por medio del P. Jeanroy. El Abate Grison tenía una gran devoción al Sagrado Corazón y acaso ya en este momento pensaba agregarse al grupo fundado por el P. Dehon. Expresó su deseo de ir a las misiones. El P. Dehon le prometió buscar informaciones sobre una verdadera misión para su Congregación.

Pero la aprobación de Roma, tan deseada por el P. Dehon no llegó, al contrario, el 3 de diciembre de 1883 la Congregación fue suprimida. Felizmente recibió el 29 de marzo de 1884 el permiso de Roma de comenzar de nuevo. Cuando la tranquilidad parcialmente ha regresado, el P. Dehon piensa seriamente en ir a las misiones. Por eso envía el 21 de diciembre de 1885 una carta a Mons. Thibaudier en la que le escribe: Se conserva todavía siempre entre nosotros el deseo de ir a las misiones y la esperanza de una obra común. Además le solicita intervenir en Roma, lo que no será difícil, pues a Roma le gustan las Congregaciones que desean misionar.

A fines de 1886 el P. Dehon publicó un volante de propaganda sobre la Congregación. Escribe: Tenemos también una promesa especial de estar al servicio del clero, según los deseos más queridos del Sagrado Corazón de Jesús. Y aunque las misiones lejanas no son nuestro fin directo, un gran número entre nosotros desea difundir el amor del divino Corazón en estos países paganos, que la Santa Sede nos indicará.

El P. Dehon usa aquí por primera vez las palabras los países paganos. Hasta ahora había hablado solamente de los países lejanos o de los sectores donde el cisma hace tiempo había obscurecido la fe.

El año 1887 es un año muy importante para el desarrollo de la actividad misionera en la Congregación, porque fueron ofrecidas al P. Dehon dos posibilidades para ir a países lejanos: Ecuador y el nordeste de Nueva Guinea.

Este año en tiempo de Pascua de Resurrección, un joven sacerdote ecuatoriano, miembro del Senado de Quito, Julio Matovelle, vio en una revista editada en Paray-le-Monial bajo la protección del Barón de Sarachaga, la existencia de nuestra Congregación. Había fundado en Cuenca, Ecuador, el 6 de octubre de 1884 un Instituto casi con el mismo fin que el nuestro que se llamaba „Oblatos del Amor Divino”.

Este Instituto pasaba por momentos críticos por falta de vocaciones. El Padre Matovelle pensaba que solamente una fusión con una Congregación europea podría salvar su obra. Por eso a través del Barón de Sarachaga conectó con nuestro Fundador y comenzaron los primeros contactos entre ambos.

Una segunda solicitud llegó por parte del canónigo Leopoldo Verguet, ex-misionero en Oceanía, que entonces vivía en Francia. A pesar de sus 70 años se sentía obligado en conciencia a ofrecer al Papa León XIII sus servicios para comenzar un vicariato apostólico en Nueva-Guinea. Cuando en octubre de 1887 estuvo en Roma para entregar su carta al Papa, oyó que el P. Dehon quería una misión. Vuelto a Francia le escribió el 24 de octubre de 1887. El P. Dehon le contestó: Si, deseamos comenzar una misión. La misión de la Nueva Guinea parece responder a nuestra situación. Sin embargo somos pocos todavía y pobres. Tengo solamente 28 sacerdotes y todos juntos somos 70.

Comenzó a hacer los trámites necesarios. Así, el 19 de febrero de 1888 anotaba en su Diario: Hoy he enviado mi solicitud a Roma para una misión lejana. Esta fecha será sin duda el comienzo de algo grande.

Sin embargo esta parte de la Nueva-Guinea era colonia alemana y, porque nuestra Congregación todavía no tenía sacerdotes alemanes, solamente escolásticos, esta fundación no pudo realizarse.

Es extraño que el P. Dehon solicitara esta misión, mientras estaba también en conversaciones con el P. Julio Matovelle en Ecuador. Debe haber tenido una gran confianza en la Providencia para querer comenzar con dos misiones al mismo tiempo, mientras la Congregación tenía solamente a unos 28 sacerdotes.

 

El 28 de abril de 1888 el P. Dehon escribió al Barón de Sarachaga: Le agradezco haberme puesto en contacto con el P. Matovelle. Tuve después correspondencia con él y hemos decidido hacer la fusión de nuestras dos pequeñas familias religiosas. Trabajaremos juntos por el Reino de Nuestro Señor. Enviaré en octubre a dos sacerdotes a Ecuador.

Para la Misión del Ecuador fueron elegidos los padres Ireneo Blanc y Gabriel Grison. El 7 de noviembre se celebró oficialmente en la capilla del Colegio San Juan en San Quintín la despedida. El P. Dehon presidió la ceremonia. Comenzó la celebración con las palabras del profeta Isaías 66,19: Yo vengo a reunir a todas las naciones y lenguas, vendrán y verán mi gloria. Al final de la celebración el P. Dehon invitó a todos los presentes a besar los pies de los dos misioneros. Este acto de fe y humildad impresionó a todos. Dice el P. Dehon: Fue para ellos como un retiro.

Quería ir a Ecuador para mostrar el celo de nuestra pequeña Congregación en los países donde la fe sufre a causa del clero, pues la dedicación del clero es nuestro fin, como escribió el 8 de junio de 1887 al Barón de Sarachaga.

La fusión con la Congregación del P. Matovelle fracasó muy pronto. El fin principal de ambas Congregaciones resultó en la práctica no tan fácil de unir, como se había pensado al comienzo. Ninguna de ambas partes quería ceder. Era difícil para nuestros padres considerar al P. Matovelle provincial para América Latina, así como el P. Dehon lo había nombrado. El P. Dehon era y quedaba para los nuestros siempre el fundador y para todas las cosas seguían dirigiéndose hacia él.

El P. Matovelle, por su parte, que como senador estaba acostumbrado a ser reconocido y era bastante autoritario, no podía ser el inferior.

Además el P. Ireneo Blanc, nombrado delegado del P. Dehon, tenía un carácter muy difícil y desconfiaba de las personas, lo que dificultó la fusión.

También otras razones que no podemos tratar aquí, a causa de brevedad, hicieron fracasar el proyecto.

Fue Mons. P. Schumacher, Obispo de Porto-Viejo en la costa central de Ecuador que invitó entonces a nuestros cohermanos a trabajar en su diócesis. Mientras tanto nuestro grupo había crecido: eran ya 6 misioneros. El Obispo les encargó el seminario menor, que estaba situado a 1 Km. de la ciudad, pero surgieron tensiones entre el Obispo y el P. Ireneo. Por eso mandó a todos en agosto de 1890, al final del año escolar, a Bahía de Caráquez donde tenía un colegio. En 1890 habían llegado 3 misioneros más entre los cuales, el frater G. Lux.

El P. Dehon estaba muy preocupado de la marcha de las cosas y por eso solicitó al P. Grison ser superior de nuestro grupo en vez del P. Ireneo.

Éste vio la necesidad de dividir al grupo y así tres de nuestros misioneros, entre los cuales estaba el P. Ireneo, partieron para Ambato, donde la Congregación recibió la dirección del muy conocido establecimiento escolar, el Colegio Simón Bolívar.

Los dos colegios progresaron mucho y todavía existen. Pero estalló una revolución en el país, que al mismo tiempo era anticlerical, especialmente en la diócesis de Porto-Viejo, lo que motivó que nuestros religiosos de Bahía fueron expulsados del país el 12 de junio de 1896.

En este mismo año les fue quitado el colegio a los nuestros en Ambato, pero no fueron expulsados. Pero igualmente regresaron por razones que hasta ahora no han sido muy claras y, como parece, muy dolorosas para el P. Dehon.

 

Los comienzos de nuestra Misión en Brasil del Norte se deben a una llamada del gran industrial brasileño, Dr. Alberto de Menezes, que quería confiar el cuidado pastoral de sus obreros a los Sacerdotes del Sagrado Corazón.

Junto con otros accionistas había adquirido un gran terreno en la comuna de San Lorenzo, limítrofe con Recife. Lo había comprado al Conde Camaragibe y había comenzado enseguida la construcción de una fábrica textil de 10.000 metros cuadrados.

El P. Dehon nombró para esta Misión al P. Sebastián Miquet, que en 1891 había regresado de nuestras Misiones del Ecuador. Partió de Burdeos el 20 de enero de 1893 y llegó a Brasil el 3 de febrero de 1893, un primer viernes del mes.

En agosto de 1895 el P. Dehon le envió a un ayudante: el P. M. Cottard. Fue el deseo de los padres hacer de la fábrica de Camaragibe otro „Val-des-Bois”, donde la Congregación atendía espiritualmente las fábricas de textil de León Harmel.

Después del fin de nuestra Misión en Ecuador, el P. Dehon arde en deseos de tener una verdadera misión propia y en un país todavía pagano.

La ocasión se le presentó en 1897, mientras se encontraba en Roma para las conocidas conferencias sobre la cuestión social. Era el 24 de marzo. Precisamente en aquel día se le informó que el señor Van Eetvelde, secretario del Estado del Congo Belga buscaba misioneros. Rápidamente, al día siguiente, el P. Dehon está con él. Se le propone comenzar una misión en el Alto Congo (actual Kisangani).

Resueltas todas las formalidades, el P. Dehon aceptó aquella propuesta, a pesar de estar muy consciente de las dificultades y a pesar de todas las objeciones que le llegaban, incluso de sus consejeros, debido sobre todo, a lo que había sucedido en el Ecuador.

En este momento, según el Elechus de 1897, la Congregación tenía 14 casas y 121 profesos.

Los primeros en partir para África fueron los dos veteranos de Ecuador, Gabriel Grison y Gabriel Lux, pero marchan con billete de ida y vuelta; es decir, sólo con el encargo de explorar. Por un momento, escribe el P. Dehon, había pensado ir yo también; pero habría dejado la Congregación en el sufrimiento y a mi vuelta, la habría encontrado en la ruina. En efecto, justamente el mismo día, el 6 de julio, en que los PP. Grison y Lux partieron desde Amberes al Congo, el P. Blancal y 6 otros dehonianos enviaron un Memorando al P. Dehon criticando su activismo, pidiendo su dimisión o la escisión en dos de la Congregación.

Los dos exploradores llegaron a Stanley-Falls el 22 de septiembre. El P. Grison inmediatamente quiso quedarse. Pero el P. Lux pensaba que todavía no había llegado este momento. Quedarse significaría arriesgar la propia vida y la de otros misioneros que vendrían después y por eso decidió regresar a Europa. Fue duro para el P. Grison seguir adelante solo, pero el 25 de diciembre dejó definitivamente Stanley-Falls y fundó la primera estación misionera de San Gabriel.

Para el P. Dehon nuestra Misión del Alto Congo siempre ha sido la obra más importante de la Congregación, así como anotó muy pocos días ante su muerte.

Fue en 1906, cuando las dificultades con el Santo Oficio levantaron de nuevo cabeza durante el proceso de la aprobación definitiva de nuestro Instituto, que la Misión del Congo lo salvó: una Congregación que era capaz de formar tales misioneros no podía faltar en la Iglesia.

Las misiones del Congo al principio eran obra común de toda la Congregación. Cuando en 1908 se formaron las primeras dos provincias, el Congo quedaba bajo la tutela de la Curia General. Después fue atendida principalmente por religiosos belgas, holandeses y luxemburgueses.

Un sacerdote anciano y jubilado, el Abate Boucher, vivía en pensión en la casa de nuestros padres de Marsanne, un santuario en Francia que fue atendido por la Congregación desde 1890.

En 1897, a consecuencia de un viaje que hizo al Norte de África en compañía del Superior de esta casa, el P. Dupland, ofrece su ayuda económica para establecernos en Túnez.

Nuestro Instituto era joven todavía, y una casa en Túnez podría significar una escala en la ruta al Congo. ¿Cómo no aceptar entonces este ofrecimiento? El Arzobispo de Cartago aprobó la fundación: una parroquia, dedicada al Sagrado Corazón en el barrio Bab-Khadra.

Pero luego surgieron dificultades, primeramente entre el P. Dupland y el Vicario General, y después con dos de nuestros misioneros, que querían pedir la dispensa de sus votos.

Así, ya en 1900 la Congregación tuvo que retirarse de Túnez, perdiendo también sus propiedades.

- 1903: La Misión de Brasil Meridional, a cargo de nuestros religiosos alemanes, para atender los colonos alemanes en la provincia de Santa Catalina.

- 1904: Comienza el apostolado de nuestros religiosos alemanes en Bohemia, incorporada en 1918 en el Estado de Checoslovaquia.

- 1907: La Misión de Finlandia, a cargo de nuestros padres holandeses.

- 1910: La Misión del Canadá francés, a cargo de nuestros cohermanos franceses y para darles una nueva obra común después de la expulsión de la Congregación de Francia.

- 1911: La Misión de Suecia, para nuestros misioneros holandeses expulsados de Finlandia.

- 1912: La Misión de Camerún, a cargo de nuestros padres alemanes. Pronto fueron expulsados a causa de la primera guerra mundial.

- 1920: Recomienzo de la Misión de Camerún, a cargo ahora de nuestros religiosos franceses y belgas.

- 1921: Recomienzo de la Misión de Finlandia, a cargo de nuestros religiosos holandeses.

- 1923: La Misión de Gariep en Sudáfrica, a cargo de nuestros religiosos alemanes.

- El P. Dehon les quería dar una nueva misión por haber perdido la del Camerún, a causa de la primera guerra mundial.

- 1923: La Misión de Dakota en Los Estados Unidos, también a cargo de nuestros religiosos alemanes.

- 1923: La Misión de Sumatra, Indonesia, a cargo de nuestros religiosos holandeses.

- 1923: La Misión en Noruega, a cargo de nuestros misioneros alemanes.

Grande fue el interés del P. Dehon por las misiones, por eso esta tan grande expansión de la Congregación hacia países lejanos. Este gran interés se manifiesta también en la enorme correspondencia que tenía con sus misioneros. Sabemos que estaba acostumbrado a escribir cada 15 días a nuestros religiosos en el Ecuador. Conservamos en nuestros archivos en Roma 26 cartas enviadas a la comunidad de Bahía, ninguna sin embargo a la otra comunidad de Ambato.

Leyendo estos documentos llama la atención su bondad paternal para con todos, especialmente para con los escolásticos, los que aparte de trabajar en un colegio en un idioma que no dominaban, tenían que encontrar tiempo para sus estudios teológicos.

En todas sus cartas insiste en la fidelidad a la vida religiosa. Acentúa especialmente los siguientes puntos:

- hacer y buscar en todo la voluntad del Padre;

- ponerse confiadamente, con un abandono total, en sus manos;

- guardar la alegría interior, sin desanimarse, ni agitarse en medio de las dificultades:

- estar convencidos de que el sufrimiento, el sacrificio, es un mejor camino a la santidad que los éxitos fáciles;

- que es bueno ser „una pequeña víctima del Sagrado Corazón”;

- mantener la vida interior, buscar el tiempo necesario para la oración y los ejercicios de piedad;

- pensar en todo en el Reinado del Sagrado Corazón;

- la necesidad de ser buenos religiosos para poder dar testimonio de la propia vocación.

Cuando estalló la revolución en 1895, les escribió el 6 de enero de 1896: Estoy contento de sus buenas disposiciones frente al peligro. No tengo nada importante que decirles, les mando sin embargo una palabra de estímulo. Estamos en las manos de la Providencia. Dejemos guiarnos por ella. Cumplan con su misión en Bahía hasta que el buen Dios indique claramente que deban partir. Ustedes dan allá un gran ejemplo (casi todos los otros religiosos y sacerdotes se habían ido). Déjense guiar solamente por el espíritu de fe.

Las cartas del P. Dehon a sus misioneros en Ecuador son también importantes para la historia de la Congregación por todas las noticias que les escribió sobre las diferentes casas y obras y para conocer la persona del Fundador.

En cuanto a las cartas del P. Dehon enviadas a sus misioneros del Congo, conservamos 74 cartas escritas a Mons. Grison durante los años 1918-1925. Desgraciadamente las del comienzo de estas Misiones, 1897-1918 se perdieron todas.

Cito ahora algunas de 1918.

Durante la primera guerra mundial había sido imposible enviar nuevo personal al Congo. Había sido uno de los grandes sufrimientos del P. Dehon. El 7 de enero de 1918 escribe a Mons. Grison: He pensado en Usted todos los días, pero no pude escribirle. Después de diez meses de estar en Bruselas, hemos tenido algunas noticias del Congo por medio del Hermano Justen.

El 2 de febrero le dice que no ve cómo enviarle a alguien durante la guerra y que también el futuro no será fácil, pues quedan solamente 15 escolásticos en Tervuren (los de Lovaina), y 15 en Luxemburgo. La Provincia holandesa sin embargo es próspera y puede prepararle algunos sacerdotes.

El 19 de mayo le escribe que comparte todas sus fatigas y preocupaciones. Le gustaría ayudarlo y enviarle todo el mundo, pero no se sabe cómo llegar y los gastos del viaje son fabulosos: 6000 francos por pasajero.

Finalmente, el 20 de noviembre de 1918, terminada la guerra, le puede escribir con mucha alegría que no hay problema ya con los pasaportes y que también el P. Gonthier, misionero del Congo, había sido liberado, y el P. Plissonneau se prepara para regresar. Este último había sido capellán en el ejército.

Así, sigue escribiéndole casi todos los meses, buscando al mismo tiempo a quien poder enviar.

Pocas son las cartas conservadas, enviadas por el P. Dehon a los otros misioneros del Congo, no alcanzan a una veintena.

El 9 de noviembre de 1921 escribe al Hermano G. Zucchelli: ¡Ánimo! Siempre adelante por el reino del Sagrado Corazón y las almas. La seguridad está en la fidelidad a la regla. La oración hecha lentamente con atención y el recogimiento del espíritu son el alimento de la piedad .

Y el 12 de enero de 1925: ¡Ánimo y perseverancia! Ofrecemos todo: oraciones, trabajos y sacrificios, al Sagrado Corazón de Jesús, por la Iglesia, por la Congregación, por las Misiones y por las almas de todos estos pobres habitantes de África. Construya una bonita escuela en Bafwabaka.

Así, podríamos seguir citando cartas del P. Dehon a sus misioneros en otras misiones. Quiero terminar con un testimonio del P. van Gijsel, misionero en Finlandia : Los misioneros estaban siempre en el pensamiento del P. Dehon, por eso la gran correspondencia que mantenía con ellos, en la que siempre mostraba una profunda humildad, un espíritu de fe y de oración, una confianza en el Sagrado Corazón, todas virtudes indispensables, especialmente para un misionero. Siempre terminaba : Unión de oraciones y de sacrificios.

En 1924 me escribió todavía: No me quedan muchos días de vida, pero podemos hacer todavía muchos actos de amor y de inmolación por la extensión del Reino del Sagrado Corazón.

Durante seis meses tuve una correspondencia muy seguida con él. Desgraciadamente no he conservado estas cartas.

 

El P. Dehon escribió 3 cartas circulares a sus misioneros, respectivamente a los de Suecia, del Brasil y del Canadá. Las conservamos en nuestros archivos en Roma, no en hojas separadas, sino en 2 cuadernos, escritas con su propia mano.

No conocemos la fecha exacta de cada una de estas cartas, parecen ser escritas entre los años 1917-1920.

Extraña mucho que en todos nuestros archivos no tenemos ninguna reacción, de ningún misionero, a estas cartas del P. Dehon. Esto hace suponer que nunca fueron enviadas. ¿Por qué? No lo sabemos. A lo mejor había pensado el P. Dehon enviar una carta también a nuestros misioneros del Congo y no alcanzó terminar su proyecto.

Las cartas a los misioneros de Suecia y del Brasil tienen la misma introducción. Dice:

A mis misioneros

Quiero ofrecer un aliento muy especial a mis misioneros queridos. Ellos van lejos a trabajar por el Reino del Sagrado Corazón, a costa de grandes sacrificios y grandes fatigas. Su vida es una vida de reparación y de inmolación, como lo pide nuestra vocación.

Que ellos sean generosos hasta el fin. Que su deseo sea morir en misión para que su sacrificio sea completo y sin reservas.

Que en todo tengan una intención pura y altas miras sobrenaturales. San Ignacio decía a quienes partían a las playas extranjeras: „Recuerden, hermanos, que es el Señor quien los envía hacia las playas extranjeras, para ser su hombre de negocios, su furriel, como se diría vulgarmente”.

Por nuestra parte, nosotros debemos ser todo fuego para dar a conocer y amar al Buen Maestro y el amor sorprendente que su divino Corazón nos ha testimoniado en todos los misterios, y que nos manifiesta todos los días en la Eucaristía.

Cada una de las cartas tienen primeramente un resumen de la historia de la evangelización del país respectivo. Después el P. Dehon da sus consejos.

Escribe a nuestros religiosos en Suecia: El trabajo será largo. Es más difícil hacer regresar a los herejes que convertir paganos. No cuenten con éxitos rápidos. Siembren laboriosamente, sus sucesores cosecharán. Es por medio de la santidad, la oración y las obras que tendremos influencia sobre las almas.

Sufro verlos allá tan aislados. Me gustaría que fueran al menos tres en cada lugar. Nuestras Constituciones lo piden. La vida comunitaria es nuestra fuerza y nuestra salvaguardia. Traten de agruparse, a penas que sea realizable. Aislados o agrupados, sean siempre fieles a todas nuestras reglas y a todas nuestras costumbres: levantarse temprano, meditación, lectura espiritual, visita al Santísimo Sacramento, nada debe ser descuidado.

Y a nuestros religiosos en Brasil:

La adoración es para nosotros un ejercicio fundamental, es la práctica característica de nuestra Congregación. No debemos contentarnos con la adoración privada. Es necesaria la adoración oficial con el tabernáculo abierto. Es allí, donde frente al Sagrado Corazón cumplimos nuestros deberes de adoración, de amor, de reparación y de oración.

Para atender a las almas, organicen el apostolado mutual. Formen cofradías del Sagrado Corazón con reuniones regulares y un fin apostólico. Estos grupos separados de hombres y mujeres serán vuestros auxiliares. Ellos les ayudarán a levantar las parroquias.

Y a los del Canadá les advierte:

Serán solamente bendecidos, si son buenos religiosos, bien fieles a la Regla. El peligro para ustedes existe en habituarse poco a poco a la vida secular. Es necesario que sean al menos tres en cada lugar. Sean muy prudentes con las relaciones externas. Edifiquen, sean religiosos.

El P. Dehon no solamente promovía las misiones en su Congregación sino que se preocupaba también por las vocaciones misioneras, especialmente después de la primera guerra mundial.

El 3 de diciembre de 1910, durante su viaje alrededor del mundo, escribió al P. Guillaume, rector de la escuela apostólica de Fayet en exilio: En todos estos países los resultados de las misiones consuelan a la Iglesia de las tristezas que sufre en Europa. Nosotros podemos hacer así mucho para la alegría de Nuestro Señor, si tenemos más misioneros en el Congo, en el Canadá, etc. Busque muchas vocaciones. Deje rezar bien a sus niños por esto.

El 13 de julio de 1913 escribió al P. Schulte, rector del escolasticado en Liesbosch (Holanda): Estoy muy contento de mi visita a Liesbosch. Conserve bien el fervor en los jóvenes, auméntelo en cuanto sea posible. Deme uno de sus jóvenes sacerdotes para el Congo. Hay allá regiones populares que piden un sacerdote y el evangelio: parvuli petierunt panem et non erat qui frangeret eis ( los niños pidieron pan, y no había nadie para dárselo).

Está el joven padre Weitenburg, que siempre lo ha pensado. Dígale que cuento con él. El Padre Provincial no tiene nada en contra. Partirá en septiembre o en octubre. Tiene esta bonita vocación, no debe perderla.

El 22 de julio de 1919 pregunta al P. Rolin, Superior de la escuela apostólica de Tervuren, Bélgica: ¿Qué podemos hacer para el reclutamiento belga? Tiene un folleto de propaganda en el que se pone bien de relieve la obra del Congo? ¿Cuáles son los pasos que se podría dar con los diversos párrocos y algunas comunidades religiosas? Hable de esto con sus cohermanos. Rece y haga rezar por esto.

El 23 de mayo de 1921 pide al P. Slangen, ex-misionero del Congo: Haga mucha propaganda para nuestras misiones. Tenemos en estos años muy pocas ordenaciones. Si el fervor reina en nuestras casas, los jóvenes vendrán .

El 15 de julio de 1921 expresa al P. van Hommerich, maestro de novicios en Asten, Holanda, su preocupación por el avance de los protestantes en el Congo: Recen por el reclutamiento de la Obra, necesitamos muchos sacerdotes. En el Congo dejamos avanzar a los protestantes. Rueguen al Padre Andrés que nos ayude„.

No solamente motivaba a sus propios religiosos, sino que pedía también la ayuda de las religiosas que conocía. En 1920 escribió a las Hermanas Siervas del Sagrado Corazón:

Sean ustedes todas apóstoles por medio de la oración y el sacrificio. Obténganos vocaciones de verdaderos sacerdotes del Sagrado Corazón, que se inmolen por las almas en la vida interior y en el apostolado. Hay que cosechar en todas partes, en el Congo, en el Camerún, en el Canadá, y nos faltan los obreros. Es para mí un gran sufrimiento. Nuestro Señor ya decía: „Recen, para que el Maestro de arriba envíe obreros para su mies”.

 

Al recordar este largo y sacrificado itinerario misionero, suyo y de la Congregación, el P. Dehon, con conciencia serena y agradecido al Señor, podía escribir en el último cuaderno de su Diario: Soy misionero por los más de cien misioneros que tengo en todas partes del mundo.

Realmente, nadie como él, se ha preocupado en la Congregación de las misiones. Las vio muy unidas con el espíritu de reparación. Expresa este pensamiento claramente en una carta que envió el 24 de marzo de 1923 al P. van Hommerich, maestro de novicios en Asten: Repita a sus queridos jóvenes que las misiones deben ser entre nosotros obras de amor y de reparación.

Las misiones son por eso una de las obras de preferencia en la Congregación. El 5 de noviembre de 1909 anota el P. Dehon en su Diario: Me quedan todavía pocos años de vida y quiero fijar bien el fin de nuestro querido Instituto, a fin de que después de mí no se tome otro camino. Este fin es doble: el apostolado de la adoración reparadora y las misiones.

Decimos siempre que el P. Dehon fue el hombre del apostolado social y así lo es. Pero con el mismo derecho podemos decir que fue el gran hombre de las misiones.

Con esto no queremos decir que en el apostolado misionero del P. Dehon, al lado de las luces, no hay sombras. Era hombre de su tiempo y por eso la obra de las misiones estaba muy mezclada con el colonialismo. Consideraba que la Obra de la Propaganda de la Fe tenía como fin ayudar a los misioneros a propagar hasta los extremos de la tierra el nombre de Jesús junto con el nombre de Francia, así como escribió en el cuaderno en que anotaba los pensamientos de sus lecturas y reflexiones personales durante los años 1865-1893. Las palabras citadas son de 1886.

Puede ser que el P. Dehon haya hablado en su audiencia del 30 de enero de 1908 con el Papa sobre ciertos abusos del gobierno belga en el Congo, pues anota el P. Dehon en su Diario sobre esta audiencia: El Papa espera que el Rey Leopoldo comience a tratar mejor en el futuro a sus pobres súbditos del Congo.

Otro problema fue la gran expansión de la Congregación. Por eso entre los 18 misioneros enviados al Ecuador, ocho eran escolásticos y dos novicios clérigos; algunos de ellos llegaron mal preparados.

Era muy difícil adaptarse a una nueva cultura, aprender un nuevo idioma, dar clases en este idioma que conocían muy poco, estudiar al mismo tiempo teología y soportar las tensiones políticas que se produjeron. Dificultaba mucho su formación. Significaba también trabajo extra para los superiores de las dos comunidades, pues tenían que repasar con ellos todos los días unas páginas de teología.

Por otro lado admiramos la gran fe y confianza en la Providencia del P. Dehon, su celo para propagar el amor al Corazón de Jesús.

Toca a nosotros continuar su Obra. Felizmente hemos visto surgir últimamente nuevas misiones en nuestro Instituto como en las Filipinas, en la India, en Angola. Significativa es también la vuelta a Ecuador, justamente a Bahía de Caráquez, donde nació nuestro apostolado misionero.

El P. Dehon consideraba las obras misioneras necesarias para poder contar para su Congregación con la bendición del Señor.

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